Santo Domingo adquiere cariz de ciudad moderna, pero sólo para un puñadito de ricos que tendrá que vivir cada vez más amurallado, pues la brecha social, la profunda asimetría en los ingresos, es una bomba de tiempo, un factor de inestabilidad social, un carnívoro cuchillo que asecha en la noche. Estamos frente a un espejismo que algunos insisten en llamarle progreso.