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Al pronunciar la homilía con motivo del Día de las Fuerzas Armadas de la República Dominicana, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez llamó a esa institución castrense a enfrentar el narcotráfico internacional en ese país de una manera decidida.

El también Arzobispo de la Arquidiócesis de Santo Domingo calificó a los vendedores de drogas ilegales como un ejército de “delincuentes y bandoleros bien organizados con muchos recursos.”

A pesar de ser cierto que el tráfico ilegal de drogas ha llegado a un punto alarmante en la República Dominicana y que se requieren de medidas drásticas para combatir la delincuencia en ese país, no es prudente que el prelado católico emita declaraciones que al parecer son mensajes subliminales para que las autoridades del orden asesinen a los malhechores.

El 17 de Febrero, dirigentes de los derechos humanos en la República Dominicana calificaron de “preocupantes y peligrosas” las declaraciones del cardenal López Rodríguez en el sentido de que el religioso había opinado de que la Policía Nacional “no puede estar haciendo contemplaciones piadosas” contra los delincuentes.

En vez de ladrar desde el pedestal de su altar, Su Eminencia debería de analizar el porqué existe una ola preocupante de delincuencia en la República Dominicana y emplear su “omnipotencia” para el bien de su país sin llegar a promover subliminalmente el derrame de sangre.

Existen muchos factores que influyen en el detrimento de una sociedad. En la República Dominicana no hay un sistema de educación pública confiable. La pobreza y las limitaciones que sufren muchos los llevan a ser criminales para sobrevivir.

La delincuencia no tiene  justificación alguna bajo ninguna circunstancia.

El cardenal López Rodríguez tiene sobre su cabeza una “iluminación divina” la cual puede utilizar para emplear programas de ayuda y capacitación en las comunidades más pobres de su país.

Tiene el poder de promover la educación, poner en marcha un plan de alimentación en los barrios pobres, crear actividades sanas donde la juventud pueda emplear su tiempo en actividades positivas y evitar que la delincuencia que tanto aborrece siga creciendo.

López Rodríguez tiene además la capacidad de llevar un mensaje de paz al mismo nido de la delincuencia para ablandar los corazones de los “bandoleros” y rescatarlos de los vicios y el veneno penoso que se han apoderado de sus mentes y almas.

La violencia no se combate con violencia.

La figura de un cardenal debe de ser ejemplar, promoviendo siempre las enseñanzas de Jesús, llevando  un mensaje de amor y paz para todos.

Pero la conducta del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez está muy lejos de ser apegada a las enseñanzas divinas.

Cuando a uno le duele a su país, como a mi me sucede, es difícil digerir la idea de que alguien quien tiene tantas influencias políticas no está dispuesto a hacer una diferencia positiva en su comunidad.

En vez denigra a su gente con una actitud déspota que deteriora la fe del más creyente en la Iglesia, causando que las personas se alejen de la palabra de Dios.

Muchos se preguntaran, ¿es el cardenal López Rodríguez un hombre de Dios?

Si en realidad Su Eminencia es un hombre de Dios nunca quisiera conocer a un demonio vestido de cura.

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la República Dominicana Manuel María Mercedes opinó recientemente sobre el llamado que realizó López Rodríguez a la Policía Nacional a que no tengan contemplaciones piadosas contra los delincuentes.

Mercedes dijo que “no me extraña, porque siempre (el cardenal López Rodríguez) ha visto a los pobres con desprecio y ese es un desprecio más contra los pobres.” TrasLaVerdad.net

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